La felicidad: un estado del Ser, no del Tener
Por:Isaías Celedón Cotes
(Tomado del Libro: Infiltrado en la Penumbra,Isaías Celedón Cotes, Edit Isa,2024)
Vivimos en un mundo donde la felicidad suele confundirse con la acumulación de bienes, el reconocimiento social o el cumplimiento de ciertos estándares externos. Sin embargo, la verdadera felicidad no radica en lo que poseemos, sino en lo que somos. Es un estado interno, un equilibrio del alma, una forma de estar en el mundo más que una lista de logros o pertenencias.
Cuando creemos que la felicidad depende del «tener»—tener dinero, una pareja, éxito o comodidades—nos condenamos a una búsqueda incesante y muchas veces infructuosa. Siempre habrá algo más que desear, siempre habrá una nueva meta que alcanzar. Pero si comprendemos que la felicidad surge de nuestro estado interno, descubrimos que no depende de factores externos, sino de nuestra manera de interpretar y vivir la realidad.
Las personas más felices no son necesariamente las que más tienen, sino aquellas que han aprendido a vivir con gratitud, a aceptar la vida con sus luces y sombras, y a cultivar la paz interior. La felicidad se encuentra en la sencillez, en la capacidad de disfrutar el presente sin apegarse al pasado ni angustiarse por el futuro.
Ser feliz es una elección. Es el resultado de una mente en paz, un corazón en armonía y un espíritu que se siente completo con lo que es, no con lo que posee. Por eso, quien aprende a ser feliz sin depender del «tener» descubre una riqueza inagotable: la libertad de encontrar gozo en lo más simple y la capacidad de ser feliz en cualquier circunstancia.
Cuando comprendemos que la felicidad es un estado del Ser, nos liberamos de la trampa de la comparación y la insatisfacción constante. Dejamos de medir nuestra alegría en función de lo que otros tienen o de lo que aún nos falta. En cambio, comenzamos a valorar la experiencia de estar vivos, de sentir, de aprender y de compartir.
La felicidad no es una meta futura ni un premio al final del camino; es el camino mismo. No se encuentra en la acumulación, sino en la capacidad de vivir con autenticidad y en sintonía con nuestros valores. Es un estado de aceptación profunda, donde reconocemos que la vida no siempre será perfecta, pero que en cada momento existe la posibilidad de hallar paz y gratitud.
Cuando la felicidad emana del Ser, se convierte en algo inquebrantable. No depende de los cambios externos, de las circunstancias o de las posesiones, porque brota desde dentro. Es la alegría de estar presentes, de vivir con propósito, de conectar con nosotros mismos y con los demás desde la plenitud y no desde la carencia.
Por eso, en lugar de preguntarnos qué más necesitamos para ser felices, quizás debamos preguntarnos: ¿cómo podemos vivir más en armonía con nuestro propio ser? ¿Cómo podemos nutrir nuestra paz interior y encontrar gozo en lo cotidiano? La respuesta a estas preguntas nos conducirá a una felicidad más auténtica y duradera, una que no se pierde con el tiempo ni con las pérdidas materiales, porque no está en lo que tenemos, sino en lo que somos.